La Sobremesa / En primera persona
Anaco, Venezuela Chambay Express
El hombre que fabricó sus máquinas para volver a empezar
Una conversación con Ismel Rodríguez
Panadería · Oficio · Volver a empezar

Después de perder sus fuentes de trabajo durante la crisis económica venezolana, Ismel Rodríguez encontró una alternativa en la panadería. Con equipos fabricados por él mismo, cien dólares prestados y la ayuda de su familia, comenzó Chambay Express, un emprendimiento que hoy cuenta con un equipo de trabajadores y se encuentra en expansión en Anaco, estado Anzoátegui.
En esta conversación
Ismel Rodríguez no tenía entre sus planes convertirse en panadero. Había trabajado durante años como chef de cocina y posteriormente se dedicó a producir harina precocida artesanal. Las dificultades económicas lo obligaron a buscar otro camino, pero fue una conversación con su primo Edgar García la que terminó acercándolo al oficio del pan.
En el sector Valle Verde de Anaco, al final de la calle 23 de Enero con Pedro Pablo López, funciona hoy Chambay Express. Durante esta conversación con BUDARIO, Ismel recuerda sus comienzos, las equivocaciones que tuvo que superar, el apoyo de su familia y la transformación personal que ha experimentado desde que decidió emprender.
La conversación
BUDARIO — ¿Quién eres, cómo se llama tu emprendimiento y dónde está ubicado?
Yo me llamo Ismel Rodríguez. Mi emprendimiento se llama Chambay Express. Estamos ubicados al final de la calle 23 de Enero con Pedro Pablo López, en Anaco, estado Anzoátegui, Venezuela.
BUDARIO — ¿Cómo nació la idea de crear el negocio? ¿Qué te motivó a dar ese primer paso?
Bueno, en realidad no fue un proyecto de años, no fue mi sueño. Fue algo que la misma situación país me condujo aquí, a algo tan bonito como es la panadería y la pastelería.
Como ustedes todos saben, aquí en Venezuela, a partir del año 2017 aproximadamente, se profundizó la inestabilidad política, económica, y la ciudad donde yo vivo, que es Anaco, es una ciudad netamente petrolera. Todas las empresas empezaron a cerrar.
Una vez que esas empresas se van, todos los que trabajábamos en esas profesiones aquí emigraron. Yo tomé la decisión de quedarme en el país y buscar otros caminos.
Por un tiempo estuve trabajando produciendo harina precocida artesanal y esas cosas. […] Nosotros producíamos netamente artesanal, con equipos fabricados por nosotros mismos. Desaparecimos, pues.
En el momento que me quedo sin empleo, me quedo sin nada y sin ningún tipo de proyecto, por haber trabajado en la cocina, a mí me gusta la parte de la pizzería. Yo traté de reorganizarme y pensé: nada, fabrico un horno con los mismos materiales que tenía de los equipos de la producción de harina.
Empecé a fabricar un pequeño horno pizzero y en diciembre del año 2021 ya yo tenía el horno fabricado.
Entonces yo tengo un primo que él es panadero artesanal desde hace muchos años y él me dice:
—Primo, ¿qué vas a hacer con ese horno?
Y yo le digo:
—No, voy a ver, voy a montar una pequeña pizzería aquí.
Y me dice:
—Pero primo, ¿por qué mejor no te pones a fabricar pan? ¿A hacer pan?
Y le digo:
—Pero es que yo no tengo las máquinas.
Y él me dice a mí:
—Bueno, pero es que tú tienes bastante idea. Dios te dio un don a ti que muchas personas no tienen. Tú lo que ves, lo fabricas. Tú para hacer pan lo que necesitas es un hornito, que ya lo tienes, y una máquina que se llama sobadora. Tú la vas a ver, vas a ver cómo funciona y tú la vas a fabricar.
Oye, eso me quedó en la mente. Empecé a investigar, empecé a buscar, empecé a visitar a ese primo, porque yo conocía la panadería de la cocina, una panadería muy distinta a la panadería comercial.
Y bueno, llegué al punto que ya para mediados del 2022 yo tenía mi sobadora lista, con materiales todos reciclados, pero la fabriqué.
BUDARIO — ¿Cómo fueron los comienzos? ¿Con qué recursos contabas y cómo llegaron tus primeros clientes?
En ese momento la situación allí estaba bien dura. No había casi comida en el país, todo era importado, todo era una cola, toda una cosa.
Y un sobrino mío que tenía una pequeña hortaliza me dice:
—Tío, ¿qué necesitas para arrancar? Con cien dólares tú arrancas.
Y llego yo y le digo:
—Oye, hijo, tú sabes que no tengo el local, no tengo vitrina, no tengo nada, pero si me vas a prestar esos cien dólares, con gusto te los acepto.
Se los acepté y empecé a fabricar pan.
Ahí empezó lo fuerte.
A partir de ese momento que yo empiezo a fabricar los panes, mi primo él me ayudó con una vitrina muy pequeña de madera, más o menos como de un metro, un metro veinte.
Y el sitio que yo tenía, bueno, que aún tengo, es un espacio que me dio mi mamá en la parte de atrás de su terreno. […]
Yo fabricaba en el techito, porque era un techito nada más que había allí, y colocaba los panes en la hortaliza.
Oye, eso era un problema para que me compraran los panes porque estaba compitiendo. Aun así, estando la situación tan difícil, habían tres panaderías cerca y eran personas ya que conocían el trabajo, sabían cómo hacerlo, y yo apenas estaba aprendiendo a trabajar con ese producto de esa manera.
A veces se me olvidaba colocarle levadura. Había momentos en que sinceramente sentía que no podía.
A veces me equivocaba en la cantidad de levadura y el pan era para el otro día y resulta que me crecían antes de tiempo. Y el antes de tiempo significaba que a la una, dos de la mañana yo tenía que sentarme allí, esperar que ese pan estuviera a punto para hornearlo. Me tocaba hacerlo.
Tenía una sobadora, el horno, como ya les dije, tenía que amasar a mano.
Una vez que me doy cuenta, yo ese techo lo forré con unos plásticos que compré y eso tiene un portoncito allí, y yo dije:
—No, yo voy a abrir mi venta de este lado.
Acomodé mis cosas bien acomodaditas allí y abrí al público, pues.
Las personas empezaron a ver lo que hacía, se dieron cuenta que se hacía allí mismo y les dio curiosidad y empezaron a comprarme poco a poco.
BUDARIO — ¿De dónde viene el nombre del emprendimiento y qué representa para ti?
¿Por qué elegí el nombre? Tuve la oportunidad de ver un video. En una ciudad de China hay una calle donde venden comida rápida de ese tipo, porque inicialmente el enfoque, como les dije de Chambay, fue algo pizza, comida rápida, ofrecer eso.
Y de allí nace ese nombre, porque ese sitio en ese video se llamaba Chambay, esa calle.
Y me gustó en la forma que era muy polifacético y desde ese momento me identifiqué con esa marca, Chambay.
BUDARIO — ¿Qué ofrecen en Chambay Express?
Bueno, en Chambay Express puedes conseguir mucha variedad en panes y pastelería.
Puedes conseguir panes tradicionales, los panes de consumo diario, los panes para el desayuno, los panes dulces, muchos dulces.
En Chambay se prepara mucha cantidad de dulces y dulces tradicionales que, bueno, para la infancia mía yo me acuerdo que ese tipo de dulce como la catalina, las cagaleras, esas cosas que se han perdido, pues.
Ya aquí, por lo menos aquí en la ciudad de Anaco, tú vas a una panadería y los dulces son que si tortas, que profiteroles, cosas, y lo nuestro se ha perdido.
No nos limitamos a lo esencial, no. Tratamos de trabajar con productos de muy buena calidad.
BUDARIO — ¿Cuál es el producto que más los representa? ¿Qué lo hace especial?
Me gusta fusionar mucho las cosas, buscar sabores nuevos, diferentes, que el sabor que se encuentre allí difícilmente lo encuentres en otra parte.
Todos los panes que se preparan en la panadería tienen el toque nuestro.
Pero hay un pan en particular que es el pan de queso. Es un pan que es diferente, tiene mucha salida.
Nosotros lo preparamos con una masa saborizada con orégano y ajo. Ya la gente sabe que salió ese pan porque es un aroma que cautiva a las personas que están allí.
Ellos dicen:
—Yo no sé qué tú le colocas a esto, pero este pan no sabe igual a los otros.
Me gusta trabajar con los sabores.
Trabajamos con masa madre, le colocamos además el toque que distinga ese producto de todos los demás.
Esa es mi, ¿cómo te digo?, mi misión hoy en día en la panadería.
BUDARIO — ¿Cuál ha sido el obstáculo más difícil que has enfrentado como emprendedor?
Bueno, el obstáculo más difícil que he enfrentado es a mí mismo.
Convencerme a mí mismo que los límites los ponemos nosotros mismos. Que todo lo que tú te propongas, que tú planifiques, tú lo puedes materializar, independientemente de donde tú estés.
Yo tomé una decisión de quedarme aquí en Venezuela y estaba claro, o estoy claro, de que si me tocaba quedarme en Venezuela tenía que hacer lo que había que hacer con lo que tenía.
[…] Claro, sí hay la dificultad de las escaseces. Me tocaba, bueno, el vehículo mío es una motocicleta todavía y bueno, cargar la harina allí y dar muchos viajes y buscar aquí, buscar allá, era una odisea para conseguir la materia prima.
Pero ya yo estaba mentalizado. Yo me decía yo mismo:
—Nadie me dijo que iba a ser fácil, pero tampoco va a ser imposible.
BUDARIO — ¿Cómo es un día de trabajo en tu emprendimiento? ¿Qué sucede detrás de lo que ve el público?
Bueno, ya no es el mismo esfuerzo. Ya el esfuerzo más que todo es mental, organizativo.
Me levanto muy temprano, eso sí. Lo primero que hago es dirigirme hasta allá a recibir los trabajadores.
Yo los recibo a los panaderos, recibo al señor Pedro, que es el pastelero. Ellos ya encuentran la requisición de trabajo. Yo les entrego el material que necesitan del depósito y se produce en las mañanas.
[…] Al mediodía ya el pan está listo a hornear y empiezan a salir lo que son los panes dulces, los panes rellenos, la pastelería, las galletas, todas esas cosas van al mostrador.
Porque después de la una ya es la hora de merienda. Y bueno, ahí empiezan las personas a buscar pan, a buscar galleticas, a buscar qué sé yo, refrescos, juguitos, la cosa.
Nosotros trabajamos hasta las nueve de la noche, guardamos cajas, dejamos todo ordenadito, dejando todo preparado para el siguiente día de trabajo.
Ese es mi día a día allí: atender a los proveedores, hacer los pedidos, llevar la parte administrativa.
Lo que el público no ve…
(Se ríe).
Allí, mano dura de mi parte.
No me gusta que el grupo de trabajo esté allí y que se sienta mal.
Yo trato de animarlos, porque saben que la panadería es algo que es agotador y la temperatura es fuerte, sí. A veces hasta más fuerte que en la cocina.
Y yo trato de estar pendiente de los trabajadores, preguntarles cómo están, cómo se sienten y de llamarles la atención cuando así lo requiere, porque trabajamos en una función, hermano, tenemos una finalidad que es que el producto, y no nada más el producto, la atención hacia el cliente sea perfecta.
Ellos cuando se hace golpe de las 12 del mediodía, la 1, me dicen:
—Bueno, va para tu casa, descansar.
Como corriéndome. Porque ellos dicen que yo me pongo intenso.
Yo soy muy fastidioso, dicen.
Cuando yo no tengo nada que hacer, yo ando de sitio en sitio. Tú me ves caminando, todo eso, arrugándolo, revisándolo, preguntándole por qué estás haciendo eso, cuidado, te me dejas esto sucio, cuidado que me le pones esto a este pan, no me le vayas a poner esto.
El pastelero pelea conmigo, me dice:
—Ay, Men, déjame en paz.
Él sabe hacer su trabajo, pero yo no sé si es que soy muy detallista, no sé si es que… oye, me gusta que las cosas salgan bien.
BUDARIO — ¿Quiénes te acompañan en este proyecto?
Bueno, mano, primeramente Dios.
Yo estoy totalmente convencido de que cuando tú crees de verdad en Dios, Él te aporta la sabiduría, la paciencia.
Como tú me conoces, Richard, mi profesión es la cocina. Yo trabajé muchos años en la cocina y yo no sabía ni pegar un punto de soldadura.
Y hoy en día me quedo asombrado y le doy gracias a Dios por todo lo que ha hecho conmigo, que ha permitido que yo haga.
[…] Está mi esposa, que llegó a mi vida en uno de los peores momentos y sin embargo se quedó allí.
Cuando nosotros empezamos ella era la que horneaba y la que atendía, y yo hacía pan. Y, como se dice, se jugó el todo por el todo allí conmigo.
Y nada, guara, cien por ciento agradecido con ella.
Mi mamá, que ya yo no quiero que ella trabaje más, ese es mi pilar. Esa mujer siempre es la que me dice:
—Hijo, tú cuenta conmigo.
Mamá, mira que quiero hacer esto.
—Agarre eso, que yo sé que usted no va a desperdiciar eso, hágalo.
Hoy en día ya no trabaja como antes, que se embraguetaba a trabajar conmigo. Yo:
—No, mamá, ya usted no está para eso. Yo no quiero que usted se me vaya a malograr allí.
Pero nada, guara, moralmente es un apoyo tremendo.
Está mi prima Geselin Tavares, que fue una de las primeras personas que llegó allí conmigo. […] Mi prima Geselin es la que se encarga de la venta en la mañana, de abrir el negocio, de la venta.
Más confianza que ella no le tengo a nadie allí en el negocio. Yo puedo salir con los ojos cerrados y sé que ella está allí y ella va a resolver.
En la parte de los panaderos tengo el amigo Javier Brito, que es el maestro panadero hoy en día, muy bueno. Nos conocemos como quien dice toda la vida.
[…] Y él lo acompaña Aníbal Laya. […] Él dice:
—Yo soy un guerrero. El único que no te abandona.
Ellos son los que fabrican el pan.
En la parte del horno ahorita está el amigo Freddy.
Y la pastelería está el señor Pedro. Es un señor de experiencia, que tiene mucho tiempo trabajando esto.
El amigo Argenis es el que se encarga de la parte de mantenimiento, de mantener el sitio limpio. […] Colabora con la venta afuera, ayuda a despachar, el día libre del hornero, él le hace el día libre porque hornea muy bien.
Está la amiguita Michelle, la más pichoncita del grupo. Ella es la vendedora, una de las vendedoras, porque como el negocio está abierto todo el día, la prima Geselin trabaja hasta las 2 de la tarde, ella les recibe y ella hasta el cierre, hasta las 9 de la noche.
Ahorita está mi hermano Enrique Rodríguez, me está apoyando con la parte de servicios técnicos, todo lo que sea reparaciones.
Porque tú sabes que los años no perdonan. Todo este tiempo he abusado mucho de mi cuerpo, he hecho mucha fuerza y ya mi espalda está como que me dice:
—No, no hagas más peso, no hagas más nada de eso.
Entonces Enrique se unió al grupo y se encarga. Yo le doy los lineamientos de lo que hay que hacer, lo que él no conozca, y entre los dos llegamos a un buen acuerdo y se hace lo que se va a hacer.
BUDARIO — ¿Recuerdas alguna anécdota especial con un cliente?
(Risas).
Los días domingos la vendedora de la mañana está libre. Como mi esposa está de viaje ahorita, me toca a mí cubrir ese turno los domingos en la mañana como vendedor.
El vendedor de Chambay Express los domingos en la mañana es Ismel Rodríguez, el que no le gusta estar en la venta, el que termina regalando los panes.
Bueno, mi primer cliente la semana pasada fue una señora mayor, ella siempre llega por allí y ella es muy peleadora.
A mí me gusta atender a los clientes, tratarlos muy bien.
Y yo veo que llega y ella dice:
—Mira, ¿esos panes canilla están frescos?
—Sí, señora, aquí todo lo que usted busque es de muy buena calidad y si es para usted mejor, porque hoy la vamos a atender a usted aquí como una reina.
Y la señora no hallaba por dónde meterse, pagó su pan.
Cuando le voy a entregar el pan la señora se me queda viendo y me dice:
—Ponme el pan allí.
Yo solo fui a entregar la bolsita en la mano.
—Que pongas ese pan allí.
Y la señora como que, no sé, se transformó. Mire, esa señora empezó a insultarme, me dijo que yo era un babalao, que yo era yo no sé qué, empezó a reprenderme el diablo.
Mira, pero la cosa para mí me resultó tan graciosa porque yo no le podía decir nada porque lo que quería era reírme.
Mire, esa señora armó ese alboroto y hasta los carros se paraban creyendo que era que yo le estaba haciendo algo a la señora. […]
Y bueno, nada, eso me causó una risa tremenda y yo dije:
—Bueno, Dios, tú sabes lo que has hecho conmigo. Yo no pierdo la paciencia aquí.
Pero mira, cada día que pasa allí tiene algo especial.
Conoces muchísimas personas que tenemos años en ese sector viviendo juntos, pero no teníamos la oportunidad de hablarnos, de yo atenderlos, de hacerles un buen comentario, hasta de echarles un chiste, pues.
BUDARIO — ¿Cómo ha cambiado tu vida desde que comenzaste Chambay Express?
¡Naguará! 180 grados cambió mi vida.
Yo venía de un sistema totalmente distinto. Cuando yo trabajaba cocina, ejercía mi profesión de chef de cocina. Yo decía, Dios mío, pensé que me la sabía toda.
Y mira que la vida enseña, ¿sabes? La calle, la calle enseña, ¿oíste?
De ese tiempo para acá, naguará, he adquirido mucha experiencia, mucho conocimiento.
He aprendido a tratar más con las personas, porque antes yo era muy, no tímido, sino que yo muy poco me mezclaba con la gente. Y hoy en día para mí eso es necesario.
Me he aprendido a administrar. Naguará, mis finanzas hoy en día se manejan desde un muy buen punto de vista.
[…] Me he dado cuenta que la esencia está en uno, de que no dependo de nadie sino de Dios, no dependemos de un 15 y un último, sino lo que tú produzcas, ¿entiendes?
Que hoy en día económicamente no soy rico, pero sí no me falta lo que necesito, voy en constante crecimiento y todo en buen cimiento, todo bien ubicado, con buenas bases y siento mucha estabilidad, a pesar de la situación país, la inestabilidad, aquello.
Yo en mi parte económica y mentalmente me siento muy estable, me siento muy tranquilo, muy agradecido con Dios.
BUDARIO — ¿Qué proyectos tienes para el futuro de Chambay Express?
Hoy en día estamos ahorita en expansión, claro, en el mismo local. No tengo en mente una sucursal o otra sucursal en este momento.
Ahorita eso se ha vuelto un desastre porque hay paredes por aquí, paredes por allá, ¿qué vamos a hacer aquí? Aquí vamos a poner otro horno, aquí vamos a poner… Estamos dándole forma.
Le estamos haciendo un área de trabajo, de producción bastante espaciosa.
Luego viene la parte de adelante, la parte de atención al público va a quedar mucho más grande porque Chambay nada más no va a ser panadería y pastelería, va a ser charcutería, va a ser, como te digo, se van a vender productos panaderos, lo que es esencia, manteca.
Vamos a venderle todos esos productos que los panaderos artesanales que están empezando a un precio bastante accesible lo van a conseguir allí, todo lo que es materia prima, harina, manteca, esencias.
[…] Ese es el sueño mío, ver a Chambay Express totalmente consolidada, funcionando.
Y vamos a crecer.
BUDARIO — ¿Qué le dirías a alguien que tiene una idea, pero todavía no se atreve a comenzar?
Bueno, lo que le puedo decir yo: primero no se lo comente a él mismo.
(Risas).
Yo siempre he dicho que el peor enemigo de uno y el que se pone tropiezo es uno mismo.
Que crea más en él, principalmente que crea en Dios y que dé el primer paso, que detrás del primer paso vienen muchos.
Así no vea nada, vea que en su bolsillo no hay dinero, que tenga la fuerza que se requiere para comenzar.
Obviamente a veces vienen cansancios, vienen cosas que te desaniman un poco, pero siempre viendo al frente, nunca quitar, perder el enfoque.
Siempre ver su norte, hacia donde uno va, hacia donde usted quiere estar y cuando se dé cuenta va a estar allí y va a decir:
—Vercha, no fue fácil, pero lo logré.
Detrás de esta historia
- Nombre
- Ismel Rodríguez
- Emprendimiento
- Chambay Express
- Ubicación
- Anaco, estado Anzoátegui, Venezuela
